¿Cómo hacer una buena foto?

El fotógrafo y docente internacional Fructu Navarro establece en su último libro Las claves de una buena foto los aspectos imprescindibles para alcanzar la perfección: un cóctel entre la técnica, la personalidad artística y el trabajo constante. ¡Atento y captura los detalles de sus sabias palabras!

¿Realmente alguien puede creer que una buena foto surge solamente de lo que el dispositivo aporta? Lo cierto es que, en fotografía, la tecnología ha llegado a un nivel tal que casi todo se puede programar. Hazla prueba: dale la cámara a un niño y muéstrale dónde se aprieta el botón, ¿qué crees que obtendrá? ¡Fotos, claro! Puede que hasta salgan correctas, pero ¿podríamos afirmar que el niño es un fotógrafo? Es evidente que no. Sin embargo, la propia foto en sí tiene un mensaje; sin intención, pero lo tiene. Está claro que conseguir una buena foto, como una pieza de arte, es algo más que oprimir un botón. El fotógrafo Fructu Navarro quiere explicar cuáles son esas cualidades imprescindibles que distinguen una imagen cualquiera de una ‘buena fotografía’. Su último libro, precisamente titulado Las claves de una buena foto, será lectura de cabecera para aquellos fotógrafos que necesitan establecer los criterios fundamentales, técnicos y artísticos, para distinguirse y adquirir su propia personalidad.

 

Somos consumidores visuales voraces, inteligentes, formados y, a los que solo aquello nuevo y diferente nos impacta lo suficiente como para prestarle un minuto de nuestro apretado tiempo. Exigimos, necesariamente, nuevos elementos visuales como espectadores cada vez más y mejor adiestrados. Esa exigencia nos obliga a hacerlo mejor. Entendemos, pues, como amantes de la fotografía, la importancia de centrar nuestras habilidades visuales para que los resultados estén acordes con los tiempos.

Y no olvidemos que la vista es el sentido que más información envía a nuestro cerebro, el 80 % ni más ni menos. Estar rodeados de manera permanente de imágenes – tele, cine, revistas, libros, publicidad…- determinará nuestro aprendizaje y nuestro modo de mirar.

Como afirma Fructu Navarro «la fotografía se podría asemejar a un cóctel, una combinación de varios ingredientes que nos ofrecen maravillosos resultados». Veamos cuáles son los imprescindibles:

1. Aspectos técnicos. Lo más básico

Todo aquello que te resultará imprescindible conocer sobre tu equipo. Diferencias entre las cámaras, los modelos y sus posibilidades, los menús, los formatos de grabación, las tarjetas de memoria, cómo traspasar la información obtenida, el sensor, la resolución, los pixeles y megas, el obturador y el control de la velocidad, el diafragma, el uso del fotómetro, la composición de la exposición, el balance de blancos, la exposición y sus modos, la luz, el objetivo, el flash, incluso el trípode y cómo proteger el equipo. Cuanto más conozcas la parte técnica más sencilla será la captura de la imagen.

 

2. Aspectos artísticos. Aprende a mirar

En este bloque el fotógrafo podrá aprender técnicas de composición y creación para así adoptar formas artísticas propias, para que las utilice y desarrolle su estilo propio. Una buena foto es el resultado de una forma de mirar. Nuestra mente filtra e interpreta las imágenes en función de un montón de cosas aprendidas. El cerebro las compara con algo y les asigna un valor, un perfil o una jerarquía relativa a una determinada importancia. Si somos capaces de dominar este análisis y podemos adoptar uno nuevo, por medio de algunos trucos y mucha práctica con independencia del equipo, podremos crear imágenes diferentes con más gracia e impacto que nos guíen a otras nuevas. Es una reeducación de la forma de mirar aprendida, ser seres independientes fotográficamente hablando.

 

 3. La práctica. Proyectos fotográficos

¿Te gusta el deporte, la aventura, el mar o los niños? Cada particular motivo fotografiable tiene su propia forma de conquistarlo, objetivos a emplear, ajustes, horas e información precisa sobre él. No es lo mismo la fotografía nocturna que un partido de baloncesto o una escena en la nieve. Ahí, el fotógrafo amateur, podrá emplear lo aprendido en los apartados anteriores. Para algunos de los temas no precisará de mucha tecnología, para otros sí. Una fotografía de las estrellas requiere un equipo y una formación específica y adecuada, pero, ojo, la base siempre es la misma, por eso la lectura de cada parte de este libro es relevante e integradora.

 

Y como advierte, al final del libro, el propio autor: «Su cámara jamás madrugará por usted».

«La cámara no podrá fotografiar ese impresionante amanecer si no es usted quien se levanta un ratito antes de la salida del sol, se prepara, busca un lugar adecuado y realiza la foto. ¡Hágame caso! ¡Levántese, madrugue! ¡Mueva su espíritu para crear esa foto! ¡Enséñemela! Estoy deseando ver sus progresos. Lance un mensaje que nos atrape. Gracias por haber elegido mi libro.»

 


 

 

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